Modificaciones en el modelo de consumo del venezolano


        Escrito por Darwin Salazar 

    El comportamiento del consumidor venezolano ha sufrido en las últimas décadas cambios muy relevantes en la adquisición de sus productos, desde luego, siendo su principal causa su raquítico poder adquisitivo de compra, dado a que el alto costo de la vida ha incidido significativamente en sus ingresos que no le permiten adquirir algunos productos, a ello se agrega, el cómo la publicidad, la competencia ha venido manejando sus estrategias de mercados a fin de conquistar a los consumidores, en donde se resaltan las ventajas competitivas, especialmente en los atributos, beneficios de los productos que se ofrecen. Por otra parte su decisión puede deberse a una insatisfacción general con los resultados de su película regular o a un anuncio de la marca de la competencia.

El proceso comienza cuando un consumidor reconoce la existencia del problema que se da cuando se activa en su conciencia la diferencia notable entre su situación real y su concepto de la situación ideal. Esto puede realizarse a través de la activación interna de un motivo como el hambre o bien deberse a otras variables como los factores sociales o situacionales.

La capacidad de consumo del venezolano en este período ha estado muy limitada por la recesión económica. Por qué el costo de la canasta básica de consumo del venezolano, que se eleva de manera continua y acelerada en Venezuela, es decir, reducir a un mínimo la inflación. Sin embargo, uno de los factores clave que afecta directamente el consumo del venezolano es el continuo crecimiento de los precios de los bienes y servicios básicos, como pueden ser los alimentos, la luz y el agua, la salud, vivienda y la educación.

En efecto, es evidente que la crisis económica y social que está viviendo Venezuela que ha modificado –y no precisamente para mejor– los patrones de consumo del venezolano, ha perjudicado tanto a consumidores como a las empresas que están luchando contra la profunda recesión que se vive en el país.

Bajo esta premisa, el venezolano ahora sale de compras con dos restricciones en mente: comprar lo que consiga con lo que le alcance. La escasez de productos y la pérdida de poder adquisitivo, ocasionada por una inflación que, según nuestros estimados, en octubre fue de 315,0% interanual, se han convertido en las mayores limitaciones al momento de salir al mercado. El consumidor venezolano debe comprar sin fijarse en marca o procedencia de los productos de primera necesidad, mientras intenta discriminar precios y elegir aquel que le rinda más.

Al final de cuentas, la inflación ha hecho polvo los 14 aumentos salariales que se han llevado a cabo desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia y han ahorcado el presupuesto del venezolano cada vez más.

Insiste Ecoanalítica en señalar que  la escasez ha sido una de las grandes culpables de los cambios en los patrones de consumo en el mercado interno.

Si se observa el índice de escasez del Banco Central de Venezuela (BCV), podemos notar que en julio de 2014 este era de 25,5%, mientras que según estimaciones de Ecoanalítica, en julio de 2016 ascendió a 37,4%; sin embargo, según informes del Centro de documentación y análisis para los trabajadores (Cenda), la escasez en algunos productos ya alcanzó 80,0 %. Uno de los factores que explica la agudización de la escasez este año es el fuerte ajuste que han sufrido las importaciones y consideramos que esta tendencia se mantendrá para el cierre de año, con un recorte de 43,5 %, cuando ya en años anteriores había manifestado contracciones de 18,5 % en 2014 y 22,3 % en 2015.

Con respecto a la inflación, aunque el Ejecutivo trata de solucionar los problemas de escasez con el subsidio de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) los precios de los alimentos han venido creciendo de manera acelerada, sin obtener mayores resultados.

Por otro lado, el Ejecutivo se ha hecho la vista gorda con la Superintendencia de Precios Justos (Sundde) ante las importaciones y ventas de productos a precios ajustados al tipo de cambio paralelo, lo que sin duda alguna tiene repercusiones evidentes en la inflación; así lo demuestra la inflación por rubros bajo metodología BCV, cuyas variaciones intermensuales al mes de octubre son de 14,3 % en alimentos y bebidas no alcohólicas, y 9,6 % en salud, por mencionar los rubros de primera necesidad, mientras en otros incluso se observaron variaciones mensuales mayores, tales como en restaurantes y hoteles con 17,7 % y servicios de educación 23,1 %.

          Como consecuencia de la disminución del subsidio cambiario y el ajuste en los precios, los patrones de consumo han cambiado inevitablemente para las familias venezolanas, que se ven obligadas a recortar gastos y sustituir productos por otros, señala Ecoanalítica.

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